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Obama defendió su gestión presidencial en la última aparición frente a la prensa en la Casa Blanca

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aprovechó ayer su última rueda de prensa antes de abandonar el cargo en dos días para defender un legado que su sucesor, Donald Trump, anticipó que desmontará en los primeros meses de su gobierno.
El mandatario demócrata empezó su intervención tras ocho años en el poder defendiendo el trabajo de los periodistas en la Casa Blanca, en una alusión implícita a su sucesor, a quienes el republicano Trump amenazó con vetar el acceso a la sede de gobierno.
“Tenerlos en este edificio ha hecho que funcione mejor, nos ha hecho trabajar más duro, ser honestos”, señaló Obama, y admitió que no le gustaron “cada una de las historias que se han publicado”, pero asumió que los periodistas no deben ser “aduladores”.
El presidente estadounidense dedicó buena parte de la última conferencia en la Casa Blanca a defender las últimas decisiones de su mandato, como la de conmutar la pena a la ex soldado Chelsea Manning, quien en 2010 filtró un número récord de documentos secretos a WikiLeaks y de quien dijo que cumplió ya una “dura” sentencia a prisión.
Comentó que no presta atención “a los twits de Julian Assange”, fundador de WikiLeaks y quien ha dicho que está dispuesto a ir a Estados Unidos si se garantizan sus “derechos”.
También se refirió a otra de sus decisiones en la recta final de su Presidencia: la abstención estadounidense que permitió aprobar una resolución contra los asentamientos israelíes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Obama explicó que el objetivo era “enviar una señal de alerta” porque “se estaba creando una realidad sobre el terreno que haría imposible la solución de los dos Estados”, que defendió como única opción para la paz entre israelíes y palestinos.
“No podemos forzar a las partes a llegar a la paz”, afirmó Obama, pero destacó que la situación actual “es insostenible” y que no ve posible que Israel pueda seguir siendo “judío y democrático” si no se consigue una solución de dos Estados.
Sobre Rusia -país al que las agencias de Inteligencia estadounidenses acusaron de interferir en las últimas elecciones presidenciales para favorecer la victoria de Trump-, Obama indicó que “va en el interés de Estados Unidos y del mundo tener una relación constructiva”.
Sin embargo, se mostró partidario de mantener las sanciones contra Rusia por la intervención en el conflicto armado de Ucrania y la anexión de la península de Crimea, porque “sigue violando las normas internacionales”. “Tan pronto como dejen de hacerlo, serán eliminadas”, sostuvo.
A este respecto, también argumentó que Estados Unidos debe posicionarse a favor de “los principios básicos” porque, “si un país como Estados Unidos, la mayor democracia del mundo, no está dispuesto a defender estos valores, ciertamente Rusia o China no lo harán”.
También se refirió a Cuba, con quien su gobierno inició un diálogo el 17 de diciembre de 2014 para normalizar las relaciones bilaterales después de más de medio siglo, al abogar por mantener este rumbo, a pesar de las “diferencias” que separan a ambos países, entre las que mencionó “la represión” de los Derechos Humanos.
Obama además defendió su decisión de eliminar la política de “pies secos, pies mojados” para los indocumentados cubanos y dijo que ya no tenía sentido dentro del proceso de normalización de las relaciones con Cuba.
Esa política trataba a los cubanos de forma “completamente diferente” a otros inmigrantes procedentes de países como El Salvador o Guatemala, recordó Obama.
Aclaró que no se quedará callado si ve esfuerzos por parte del gobierno de su sucesor para deportar a los jóvenes indocumentados que llegaron al país de niños y son conocidos como “dreamers” (“soñadores”), informó la agencia de noticias EFE.
Obama rechazó la idea de que “arbitrariamente” o por motivos “políticos” se busque “castigar” a esos jóvenes “que no han hecho nada malo”.
Esos jóvenes “aman a este país”, y “son amigos de nuestros hijos y sus compañeros de clase”, enfatizó Obama.
Y por ello, prometió manifestarse como ciudadano, una vez que deje la Casa Blanca, contra los esfuerzos para deportar a esos jóvenes, al igual que si observa “discriminación sistemática”, “obstáculos” para que las personas puedan votar o “esfuerzos institucionales para silenciar la disidencia o a la prensa”.
Tras ganar las elecciones presidenciales del 8 de noviembre, Trump dijo que expulsaría a los inmigrantes que tienen “antecedentes penales”, cerca de tres millones, en vez de al total de 11 millones de indocumentados a los que prometió deportar durante la campaña.
Además, el 44º presidente de Estados Unidos anticipó a qué dedicará su tiempo una vez que deje el cargo que ocupa desde 2009, cuando se convirtió en el primer mandatario negro en la historia del país norteamericano.
Obama comentó que quiere dedicarse a escribir y a disfrutar de su familia, especialmente de sus hijas.
Ayer, el líder demócrata agradeció en su cuenta de Twitter a su mujer, Michelle, que haya desempeñado un cargo que no pidió “y lo haya hecho suyo”.
Obama dejará la Casa Blanca con un alto nivel de popularidad, cercano al que tenía cuando llegó al poder hace ocho años.
Según la última encuesta realizada por CNN/ORC y difundido el miércoles, el 60% de los estadounidenses aprueba su gestión, la mejor calificación del mandatario desde junio de 2009. Obama figura en la tabla de los presidentes con mayor aceptación al fin de su mandato, solo detrás de Bill Clinton (66% en enero de 2001) y Ronald Regan (64% en enero de 1989).
 Fuente: Télam

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