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Los bancos ya analizan premiar al cliente por pagar con tarjeta de débito

La tasa de interés alta empezó a hacer su trabajo: van dos días de baja del dólar y parte del mercado empieza a creer que una reducción en el precio de la divisa es posible. ¿Será temporal?,¿ cuánto durará? son algunas de las primeras preguntas sobre las respuestas al nuevo sistema de banda cambiaria con “piso” de $ 34 y “techo” de $ 44 para el dólar. El martes cerró en el mercado mayorista en $ 38,10, con una baja de 3,8%.

La promesa de Guido Sandleris de secar el mercado de pesos para hacer subir la tasa de interés y favorecer que la gente y las empresas se desprendan de dólares tuvo una primera respuesta a su favor de los mercados.

Como todo sistema tiene objetivos y costos, el de frenar al dólar todavía está en gestación y el golpe a la actividad económica también.

Un encumbrado economista resumía los primeros resultados de la vigencia de la banda cambiaria así: “El dólar baja y la economía, también”.

El primer reflejo del salto de las tasas de interés estuvo en las Letras de Liquidez (Leliq) que son los papeles que el Banco Central les coloca a los bancos para sacar pesos del mercado. El viernes ofrecían 60% anual, el martes 69% en la licitación y hasta 73% en el mercado. Pero hubo otras tasas que también subieron y mucho. Por caso, por plata grande, en el circuito de las empresas, los bancos llegaron a ofrecer 60% anual.

Y por colocaciones cercanas a un millón de pesos, en el caso de depósitos de particulares hasta 53% anual.

Esa tasa de 53% supera cualquier expectativa de inflación y de devaluación en el corto plazo.

Ese costo de captación, los bancos lo trasladan a las tasas activas y es así que los giros en descubierto en cuenta corriente (principal fuente de financiamiento de las pymes) pueden alcanzar 70% anual.

La promesa de crecimiento cero de la “base monetaria” (en un sentido amplio, los pesos que circulan y aceitan el funcionamiento de la economía) hasta junio del año próximo, formulada por el presidente del Banco Central, dio un primer paso hacia lo que podría ser una recuperación de la credibilidad perdida durante las gestiones de Federico Sturzenegger y Luis Caputo. Pero todo es aún muy incipiente y prematuro.

El “corsé” monetario golpea fuerte sobre una cadena de pagos estresada y sus consecuencias son imprevisibles.

De hecho, algunos analistas creen que la recaudación de la AFIP puede ser una de las principales afectadas por esa tensión.

Los intereses por la mora en pagos a la AFIP rondan el 4% mensual, que son elevados pero, curiosamente, podrían resultar inferiores a los de la financiación bancaria.

“Las pymes, entre pagar los sueldos o los impuestos, no dudan”, comentaba ayer empresario mediano, muy atento a poder cobrar la mercadería que ya había entregado y recibido cheques con pago diferido.

Los bancos grandes aseguran que el crecimiento de la morosidad es bajo y que están analizando caso por caso la situación de los clientes.

Las empresas de consumo masivo, incluidos los alimentos y hasta los laboratorios medicinales, muestran números de ventas negativos en lo que va del año.

En el rubro automotriz las terminales reconocen que las concesionarias están con stocks elevados y que hoy los precios de salida de venta de 0Km superan al de algunas agencias que ofrecen descuentos para poder vaciar los galpones y bajar los costos financieros.

También la electrónica y los electrodomésticos tienen precio de venta en las cadenas inferiores a los de reposición que les fijan las empresas productoras.

Las tasas altas presionan a todas las cadenas de comercialización para que se desprendan rápido de stocks que la inflación no llegaría a compensar.

Los salarios perdieron unos diez puntos de poder de compra desde comienzos de año y los números de la inflación son rotundos.

Según la consultora Eco Go que dirige Marina Dal Poggetto, el aumento del costo de vida en septiembre fue de 5,5%, con lo que el salto de los precios en lo que va del año fue de 32%, y en un año, de 39%.

Frente a esos datos cobra relevancia la discusión para actualizar los salarios y la necesidad de bajar costos. Para los bancos, un costo en discusión es el del manejo del dinero en efectivo. Dicen que entre el traslado y la operatoria se destinan unos $ 6.000 millones al año que podrían evitarse y favorecer, en algo, una disminución de las tasas.

Así está en gestación un sistema de concursos para favorecer el consumo y el pago con tarjetas de débito.

Analizan sortear departamentos y autos entre los clientes que paguen con tarjetas de débito en lo que aparece como el primer intento de alentar el consumo en medio de meses recesivos como los que vienen.

La tasa de interés alta comenzó a hacer su trabajo. ¿Volverán los capitales del exterior para aprovechar una renta superior a 50% en pesos si el dólar se llegase a calmar un poco más? La respuesta será clave para intuir la efectividad de la flamante banda para el dólar.

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