Francisco a contramano de los obispos sudamericanos

El Papa Francisco volvió a recibir el viernes a Evo Morales en El Vaticano mientras el presidente boliviano mantiene un duro enfrentamiento con la Iglesia Católica de su país, una bifurcación que el máximo pontífice y las cúpulas eclesiásticas sudamericanas repiten en varios países.

En su tercer encuentro, el segundo en la Santa Sede y tras una visita el año pasado a Bolivia, el jefe de la Iglesia católica otorgó 27 minutos a Morales: cinco minutos y varias sonrisas más que al recibir a su compatriota Mauricio Macri.

Según se informó oficialmente, hablaron de las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado Plurinacional de Bolivia, en momentos en que el gobierno de Morales está enfrentado a los obispos bolivianos a raíz de una carta pastoral en la que cuestionaron los resultados de la lucha antidrogas y alertaron sobre la penetración del narcotráfico en instituciones del país. Esto provocó que el Presidente exigiera a los miembros de la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB) que identificaran a los funcionarios involucrados en el narcotráfico y anticipara que los iba a denunciar ante Francisco.

Fiel a su estilo, el Papa evitó una referencia directa, pero no sólo recibió a Morales, sino que también lo invitó junto al mandatario ecuatoriano Rafael Correa a disertar en unas jornadas sobre “los cambios en el campo internacional desde 1991” de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales del Vaticano.  De esa conferencia también participó el candidato demócrata a presidente de Estados Unidos, Bernie Sanders, en lo que se interpretó como otro gesto papal, aunque el pontífice argentino evitó sacarse una foto con él.

Antes de partir al Vaticano, Correa, otro Presidente que tuvo encontronazos con la Iglesia de su país, aseguró públicamente que iba a colaborar en una próxima encíclica que estaría escribiendo Francisco y que trataría el tema de “la felicidad”.

La afinidad de Francisco con los mandatarios de izquierda de Sudamérica acumuló múltiples ejemplos durante su papado y en algunos casos surgieron contrapuntos con las Conferencias Episcopales, que suelen ser más críticas de esos gobiernos por su tendencia a tener prácticas autoritarias. “Lo que pasa es que la mayoría de los obispos fueron nombrados por Juan Pablo II y son más conservadores”, interpretó un hombre que conoció de cerca la relación entre Francisco y la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.

Estas diferencias entre el pensamiento del pontífice y las prelados sudamericanos también quedaron expuestas en Venezuela, donde la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) pidió la promulgación de una Ley de Amnistía para los presos políticos, aprobada por la Asamblea Nacional y rechazada enfáticamente por Nicolás Maduro. El presidente de la CEV, Diego Padrón, había señalado en enero que las elecciones del 6 de diciembre pasado, con derrota del chavismo, fueron “un contundente rechazo del sistema representado por el despotismo, militarismo, arbitrariedad y corrupción que se autotitula socialismo del siglo XXI”.

Pero el Papa evitó dar un apoyo explícito a esa Ley aprobada con la mayoría opositora venezolana. Luego de una carta enviada por familiares de los políticos arrestados, el nuncio apostólico, Aldo Giordano, solo anunció que la misiva fue recibida por Francisco y que el pontífice está dispuesto a mediar.

Un ejemplo concreto de la inclinación política-ideológica del excardenal primado de la Argentina es haberle enviado un rosario a la dirigente kirchnerista Milagro Sala, luego de haber sido arrestada en Jujuy, gesto que no repitió en los más de dos años que lleva preso el líder opositor Leopoldo López en Venezuela.

Esta posición no es monolítica en la Iglesia. El secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, a quien Francisco confió el gobierno de la Iglesia luego de haber sido nuncio apostólico (embajador) en Caracas, felicitó a Macri cuando fue a la Santa Sede por la postura crítica que había tomado frente al chavismo desde su asunción. En ese marco, al cardenal Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida, también se le escucharon críticas en privado contra el amenazado gobierno de Dilma Rousseff, cuando pasó por la Argentina a fines de marzo pasado para participar de un encuentro interreligioso con eje en la pobreza.

El caso argentino

En el Gobierno argentino siguen preguntándose por qué el Papa Francisco fue tan frío con el presidente Mauricio Macri cuando lo recibió a fines de febrero pasado y la principal conclusión es que el exarzobispo de Buenos Aires “está midiendo los resultados de las decisiones económicas”. Pese a algunos cortocircuitos, Francisco no se había mostrado tan distante con Macri cuando el ahora Presidente era jefe de Gobierno, al punto que hizo que fuera uno de los primeros en saludarlo al ser encumbrado Papa.

En la encíclica “Laudato si”, el pontífice denunció “lo insostenible del sistema económico-financiero mundial que privilegia la especulación y la concentración de la riqueza y no se preocupa por resolver el problema de la pobreza y la miseria, sino que acumula en favor de una minoría rica”. Macri se propone guiar al país hacia la “Pobreza Cero” en  cuatro años, pero su receta consiste en “volver al mundo” a través de mejores relaciones internacionales y de ese sistema financiero mundial que eriza la piel de Francisco.

Lo cierto es que el Papa con sus gestos les marcó la cancha a los obispos argentinos. Una primera reacción fue el informe que difundió el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) que dio cuenta de un incremento de la pobreza al 34% tras las primeras medidas económicas del macrismo.

El observatorio está dirigido por el rector de la UCA,  monseñor Víctor Manuel Fernández, quien junto a los jefes de las diócesis de Buenos Aires, Mario Poli; y Merlo-Moreno, Fernando Maletti, tienen posiciones políticas afines a las de Bergoglio. En cambio, hay otro sector más conservador de la Iglesia argentina encabezado por los arzobispos de La Plata, Héctor Aguer, y Salta, Mario Cargnello, quienes se encuentran mejor representados por el Gobierno de Cambiemos y prefieren esperar antes de que la Iglesia asuma posiciones críticas.

Este contrapunto se dio en la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina realizada en Pilar, donde los obispos debieron debatir más de la cuenta para alumbrar un documento sobre el Bicentenario que darán a conocer el 8 de mayo.

 

Fuente: Noticias Argentinas

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