Salud

Dormir bien también puede mejorar la vida sexual: cómo influye el descanso en la testosterona y la libido

La calidad del sueño no solo determina el nivel de energía durante el día. También puede tener relación con la producción hormonal, el deseo sexual y el rendimiento físico, según distintos estudios sobre descanso y salud.

La testosterona, una de las principales hormonas vinculadas con la función sexual masculina, sigue ritmos circadianos y su producción está estrechamente relacionada con el descanso nocturno.

Menos sueño, menos testosterona

La producción hormonal está regulada, entre otros factores, por los ritmos circadianos, ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas que sincronizan diferentes funciones del organismo con los períodos de luz y oscuridad.

En el caso de la testosterona, sus niveles suelen alcanzar uno de sus puntos más altos durante las primeras horas de la mañana, después del período de descanso.

Un estudio de la Universidad de Chicago encontró que dormir menos de cinco horas por noche puede asociarse con niveles de testosterona significativamente menores en hombres jóvenes, además de afectar el estado de ánimo y la energía.

La falta de descanso también puede repercutir sobre la libido y, en determinadas circunstancias, contribuir a problemas de función sexual.

El colchón también importa

La llamada higiene del sueño incluye una serie de hábitos destinados a favorecer un descanso continuo y reparador.

Entre ellos aparece también el entorno en el que se duerme. La elección de un colchón adecuado puede contribuir a mejorar el confort y reducir interrupciones durante la noche.

El especialista en calidad del sueño Mariano Natan Zaltkes, de Sensorial Colchones, sostiene que un colchón que no brinda el soporte adecuado puede favorecer un sueño fragmentado.

También plantea un aspecto más cotidiano: durante la intimidad, un colchón incómodo, ruidoso o que genera molestias físicas puede afectar negativamente la experiencia y el deseo.

Por eso, factores como el tamaño, el soporte, el espesor y la temperatura pueden influir tanto en el descanso como en el confort durante la vida íntima.

Mantener horarios regulares

Otro de los hábitos recomendados consiste en mantener cierta regularidad en los horarios.

Acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora todos los días ayuda a mantener estable el ritmo circadiano. La recomendación también contempla los fines de semana, cuando es frecuente alterar significativamente los horarios de descanso.

La exposición a las pantallas antes de dormir es otro factor a considerar. Reducir la exposición a la luz intensa de dispositivos electrónicos durante las horas previas al sueño puede favorecer los procesos asociados con la producción de melatonina.

También resulta importante mantener un ambiente confortable y fresco para dormir.

El ejercicio puede ayudar

La actividad física regular es otro de los factores relacionados con una mejor calidad del sueño.

Caminar, trotar de manera moderada, practicar yoga o realizar ejercicios de fuerza pueden contribuir a mejorar el descanso y facilitar el inicio del sueño.

Sin embargo, realizar ejercicio de muy alta intensidad de manera excesiva puede generar el efecto contrario en algunas personas, especialmente cuando se combina con una recuperación insuficiente.

Alcohol y café: dos enemigos del descanso

Aunque el alcohol puede generar somnolencia inicialmente, su consumo puede fragmentar el sueño durante la segunda mitad de la noche y alterar las distintas fases del descanso.

El café también requiere atención. La cafeína puede permanecer activa durante varias horas, por lo que consumirla por la tarde puede dificultar el sueño nocturno en algunas personas.

En consecuencia, limitar el consumo de ambas sustancias, especialmente cerca del horario de descanso, puede favorecer un sueño más continuo.

Dormir bien también es cuidar la vida sexual

La relación entre sueño y sexualidad no depende de un único factor. El estrés, la alimentación, la actividad física, las enfermedades, los medicamentos y otros aspectos del estilo de vida también pueden influir sobre el deseo y la función sexual.

Por eso, dormir entre siete y nueve horas cuando sea posible, mantener horarios regulares, realizar actividad física y cuidar el ambiente de descanso puede formar parte de una estrategia general para mejorar la calidad de vida.

Si existen problemas persistentes de libido, erección, cansancio extremo o alteraciones del sueño, es recomendable consultar con profesionales de la salud para determinar si existe alguna causa subyacente.

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