Salud

Un fármaco experimental logró reducir hasta un 97% la lipoproteína que aumenta el riesgo cardiovascular

Una sola dosis de Kylo-11 consiguió una reducción profunda y sostenida de la lipoproteína(a), un factor de riesgo asociado con infartos y ACV. El efecto se mantuvo durante 48 semanas en un ensayo clínico de fase 1, aunque todavía falta demostrar que disminuya los eventos cardiovasculares.

Un fármaco experimental logró reducir hasta un 97% los niveles de lipoproteína(a), conocida como Lp(a), con una sola dosis, según los resultados de un ensayo clínico publicado en The Lancet. La reducción se mantuvo durante 48 semanas y representa un nuevo avance en la búsqueda de tratamientos para uno de los factores de riesgo cardiovascular determinados principalmente por la genética.

El tratamiento, denominado Kylo-11, utiliza una tecnología de ARN de interferencia pequeño (siRNA) para actuar sobre el hígado y disminuir la producción de apolipoproteína(a), un componente fundamental de la Lp(a).

El resultado llamó la atención por la magnitud del descenso y por su duración: los investigadores observaron reducciones medianas de hasta 97% al cabo de 48 semanas en algunos grupos que recibieron las dosis más altas.

Sin embargo, se trata todavía de una investigación inicial. El estudio fue de fase 1 y no permite afirmar que el medicamento reduzca en un 97% las posibilidades de sufrir un infarto o un ACV. Para determinar ese beneficio serán necesarios ensayos mucho más grandes y prolongados.

Qué es la lipoproteína(a) y por qué preocupa

La lipoproteína(a) es una partícula que circula por la sangre y comparte características con el colesterol LDL, aunque incorpora una proteína adicional llamada apolipoproteína(a).

Los niveles de Lp(a) están determinados en gran medida por la genética y suelen mantenerse relativamente estables durante la vida. Por eso, una persona puede tener valores normales de colesterol LDL y, aun así, presentar una concentración elevada de Lp(a).

La partícula está asociada con procesos relacionados con la aterosclerosis, la inflamación y la formación de coágulos, y se considera un factor de riesgo independiente para enfermedades cardiovasculares, incluidos el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular.

Según especialistas citados por Infobae, se estima que la Lp(a) puede encontrarse elevada en alrededor del 20% al 25% de la población, mientras que la mayoría de las personas desconoce sus niveles.

Cómo funciona el nuevo tratamiento

Kylo-11 pertenece a una clase de tratamientos que buscan modificar la producción de determinadas proteínas mediante el llamado silenciamiento génico.

El fármaco utiliza una molécula de siRNA que actúa sobre el hígado, donde se produce la apolipoproteína(a).

Al reducir la producción de esa proteína, disminuye también la cantidad de lipoproteína(a) que circula por la sangre.

Una de las características que despertó mayor interés es que el efecto puede mantenerse durante meses después de una única aplicación.

En el estudio, las reducciones más importantes se observaron en los grupos que recibieron las dosis más elevadas, con descensos medianos de hasta 97% después de 48 semanas.

Qué mostró el ensayo clínico

El estudio fue un ensayo de fase 1, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo.

Participaron 71 adultos sanos de entre 18 y 55 años que tenían concentraciones elevadas de Lp(a). De ellos, 70 recibieron efectivamente una dosis del tratamiento o placebo.

Los investigadores evaluaron distintas dosis de Kylo-11, desde 9 hasta 600 miligramos.

Los resultados mostraron que la reducción de Lp(a) aumentó a medida que se incrementaba la dosis:

  • 53% con 9 miligramos.
  • Reducciones progresivamente mayores con las dosis intermedias.
  • Hasta 97% con 600 miligramos.
  • En participantes con concentraciones iniciales superiores a 200 nmol/L tratados con 225 miligramos, la reducción mediana llegó al 96%.

El efecto se mantuvo durante las 48 semanas de seguimiento.

¿Es seguro?

El ensayo también permitió obtener información preliminar sobre la seguridad del medicamento.

Durante las primeras 24 semanas, 37 de los 70 participantes que recibieron tratamiento o placebo registraron algún evento adverso. La mayoría fueron considerados leves o moderados y los investigadores no los vincularon directamente con Kylo-11.

El estudio no registró muertes ni eventos adversos graves relacionados con el tratamiento, aunque aparecieron algunos episodios que requirieron seguimiento.

Estos resultados deben interpretarse con cautela porque la cantidad de participantes fue reducida y el objetivo principal de un ensayo de fase 1 es evaluar seguridad, tolerabilidad y respuesta biológica, no demostrar eficacia clínica definitiva.

El 97% no significa un 97% menos de infartos

Este es uno de los puntos más importantes del avance.

El porcentaje difundido corresponde a la reducción de los niveles de Lp(a) en sangre, no a la disminución de la probabilidad de sufrir un infarto, un ACV o morir por una enfermedad cardiovascular.

Para demostrar que bajar la Lp(a) efectivamente reduce esos eventos se necesitan estudios de fase 2 y fase 3, con miles de participantes y períodos de seguimiento mucho más extensos.

Por ahora, los resultados muestran que es posible reducir de manera muy marcada y prolongada un factor de riesgo cardiovascular que hasta hace pocos años tenía pocas opciones terapéuticas específicas.

Una nueva generación de tratamientos contra la Lp(a)

Kylo-11 no es el único medicamento que busca atacar este problema mediante tecnologías basadas en ARN.

Otro tratamiento experimental, lepodisiran, también mostró en un ensayo de fase 1 una reducción de hasta 97% de la Lp(a) después de una sola dosis, con un efecto que todavía alcanzaba una reducción cercana al 94% al año en el grupo que recibió la dosis más alta.

También existen otros programas de investigación, como los desarrollos basados en pelacarsen y olpasiran, que buscan reducir la producción de Lp(a) mediante mecanismos de silenciamiento génico.

El interés científico se explica por una cuestión concreta: durante años, las herramientas disponibles para controlar el riesgo cardiovascular estuvieron centradas principalmente en factores como el colesterol LDL, la presión arterial, el tabaquismo y la diabetes, mientras que la Lp(a) permaneció como un factor difícil de modificar.

Qué falta para que pueda utilizarse

Kylo-11 todavía no es un tratamiento disponible para el público general.

El próximo paso será avanzar hacia estudios con más participantes que permitan establecer con mayor precisión la dosis adecuada, la seguridad a largo plazo y la eficacia del tratamiento.

Pero la pregunta más importante será otra: si reducir la Lp(a) de manera tan marcada se traduce efectivamente en menos infartos, ACV y muertes cardiovasculares.

Hasta que esos resultados estén disponibles, el hallazgo debe considerarse un avance experimental y no una terapia probada para prevenir enfermedades cardiovasculares.

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