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Proyecto Lakhta: así funcionaba la fábrica rusa de noticias falsas

La fábrica rusa de noticias falsas tiene un nombre y una dirección: se llama Internet Research Agency (IRA). Estaba ubicada en un moderno edificio de San Petersburgo, en el número 55 de la calle Savushkina.

También se conoce su principal tarea: dividir a los estadounidenses y sembrar desconfianza en la democracia.

La fábrica, sospechada de querer debilitar a la candidata demócrata Hillary Clinton, una fuerte crítica de Vladimir Putin, y favorecer la candidatura de Donald Trump, volvió al centro del debate después de que el fiscal especial Robert Mueller imputara a 13 rusos y a 3 empresas por la injerencia en las elecciones presidenciales de 2016.

“El troll de Putin”

El hombre detrás de la IRA es Yevgeny Prigozhin, un empresario del rubro gastronómico. Conocido en la prensa como el “Cocinero de Putin”, el opositor Alexey Navalny lo llama con un nombre tal vez más apropiado: “el troll de Putin”.

Gracias a su amistad con el mandatario ruso -cliente habitual de sus restaurantes- Prigozhin creó una empresa, Concord Catering, que comenzó a proveer de alimentos a las escuelas y al ejército ruso. Así Prigozhin, un ex convicto que comenzó su carrera vendiendo hot dogs en la calle, se convirtió en un oligarca capaz de amasar una fortuna de más de 1000 millones de euros.

Pero esa ayuda había que devolverla de alguna manera. Y la forma elegida por Prigozhin fue financiar la Internet Research Agency, que fue creada en 2013.

El “Protecto Lakhta”

Según el dictamen de Mueller, Concord Catering financió IRA como parte de una operación de interferencia conocida como “Protecto Lakhta”, como el nombre del barrio en el que se fundó la agencia. La misión era difundir falsa información en todo el mundo. Al principio los objetivos eran Ucrania y otros países europeos. Pero con el avecinarse de las elecciones presidenciales, el foco principal comenzó a ser Estados Unidos.

La agencia funcionaba como una moderna empresa de marketing, con jóvenes empleados atraídos por unos salarios en promedio más altos que los que se ofrecían en otras empresas. Había especialistas en gráficos, análisis de datos y posicionamiento en buscadores. El número total de los empleados rondó entre los 400 y 1000.

El presupuesto mensual era de 1,25 millones de dólares.

Proyecto Traductor

En 2014 IRA creó una nueva unidad, conocida como Proyecto Traductor. Compuesta por un equipo de unas 80 personas, su foco era la “población de Estados Unidos y conducir operaciones en las redes sociales como YouTube, Facebook, Instagram y Twitter”, según el fiscal Mueller.

Trabajaban 24 horas al día, siete días a la semana para seguir de cerca los eventos estadounidense. Su objetivo era “difundir desconfianza hacia los candidatos y el sistema político en general”.

Para ello, los empleados de IRA abrieron cientos de cuentas en las redes sociales, creando perfiles falsos de estadounidenses para que se transformaran en “líderes de la opinión pública” e inflamar el debate a través del “soporte a grupos radicales, usuarios descontentos con la situación social y económica y movimientos sociales de oposición”.

A tal fin, crearon varios grupos, con nombres como “Fronteras Seguras”, “Musulmanes Unidos de América” y falsas cuentas de Twitter como “Tennesee GOP” que, al parecer vinculada al Partido Republicano local, llegó a tener más de 100 mil seguidores. Sus tuits fueron compartidos por funcionarios de primer plano de la campaña de Trump como Kellyanne Conaway, Micheal Flynn y el hijo del mandatario Trump Jr.

También contribuyeron a aumentar la popularidad de hashtags como #Trump2016, #TrumpTrain, #MAGA e #Hillary4Prison, difundiendo mensajes como “Digo no a Hillary Clinton, digo no a la manipulación”o “Donald quiera acabar con el terrorismo… Hillary quiere patrocinarlo”, “Hillary es Satán, y sus crímenes y mentiras prueban su maldad”.

Para fines de 2016, a pocas semanas de las elecciones, los ‘trolls’ apuntaron directamente a minorías étnicas, de acuerdo a lo establecido por la acusación, que cita algunos ejemplos de mensajes persuasivos en diferentes redes sociales. Entre otras cosas fomentaron a las minorías a votar para candidatos independientes como Jill Stein, del Partido Verde, quien participó en una ya famosa cena en Moscú con el general Micheal Flynn y Vladimir Putin.

“Elige la paz y vota por Jill Stein. Créanme, no es una pérdida de dinero “, divulgó el grupo “Blacktivist” vía Instagram.

En 2016 también se apropiaron de los números de la seguridad social de miles de estadounidenses para abrir cuentas de Paypal y comprar propaganda política para difundir en las redes; además, en la parte final de la campaña comenzaron a organizar de forma encubierta mítines políticos, en colaboración con otras páginas de activistas en las redes sociales.

“Usen cualquier oportunidad para criticar Hillary y el resto (excepto Sanders y el Trump – los apoyamos)”, según se lee en un documento interno de la empresa.

En total, el IRA compartió 80 mil posteos entre 2016 y 2017. Según Facebook, más de 126 millones de estadounidenses vio en algún momento la propaganda rusa. Hubo 131 mil tuits y más de 1000 videos subidos a YouTube.

Aún se desconoce si los esfuerzos rusos fueron suficientes para influir directamente en el resultado. Aunque, según la investigación, los rusos atacaron a los votantes en estados inestables y Trump, quien perdió el voto popular por 2,8 millones de votos, ganó gracias justamente prevaleciendo en los estados inestables, en algunos casos por pocos de miles de votos.

Cómo recordó David Axelrod, asesor principal del ex presidente Barack Obama, Jill Stein obtuvo 50.700 votos, en el estado en el que “Trump ganó por menos de 12.000”. El consultor agregó que “también superó el margen de Trump en Wisconsin”.

“Si los rusos intentaron redirigir a los votantes alineados a Hillary Rodham Clinton a terceros, como alega la acusación, era una estratagema astuta”, aseguró Axelrod.

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