El duro mensaje de Martín Guzmán sobre la negociación de la deuda

De cara a la negociación de la deuda, el ministro de Economía, Martín Guzmán, adelantó detalles de la misma y afirmó una postura agresiva que podría incluir quitas significativas. Así se desprende de la proyección fiscal que hizo en su exposición en Diputados, donde explicó que estima un equilibrio fiscal entre 2022 y 2023.

El jefe del Palacio de Hacienda criticó con dureza a los fondos de inversión externos, a quienes acusó de “no mostrar colaboración” y pidió que el Fondo Monetario Internacional, principal acreedor del país, admita su cuota de responsabilidad en la crisis económica.

Para los analistas, los primeros lineamientos de la reestructuración que planteó Guzmán en su discurso en la Cámara baja adelantan que “será conflictiva” y que “difícilmente” pueda resolverse dentro del cronograma estipulado, que implica que a fines de marzo la negociación haya finalizado y solo reste la ejecución de los canjes.

Uno de los datos que reclamaban los inversores para encarar el proceso de negociación de la deuda fue, desde el comienzo de la gestión de Alberto Fernández, saber cuál es el horizonte fiscal que trazará el Gobierno. Es decir, qué expectativas tiene de equilibrio o déficit de las cuentas públicas para los próximos años.

Este miércoles en el Congreso Guzmán habló públicamente por primera vez sobre proyecciones, con números concretos. Así, adelantó que este año no habrá margen para reducir el rojo fiscal primario -es decir la diferencia entre los ingresos al Estado y los gastos- y que un equilibrio solo podría esperarse para 2022 o 2023, de acuerdo a distintos supuestos.

“Un escenario factible y realista implica alcanzar el equilibrio fiscal en 2023, y años después converger a un superávit fiscal primario de entre 0,6% y 0,8% del PBI. En otro escenario -que va a llevar trabajo- se podría alcanzar el equilibrio en 2022, con una economía creciendo 2% y las exportaciones al 4 o 5%. Así, ya en 2026, tendríamos 1% de superávit y al año siguiente de 1,2%. ¿No suena tan optimista, no? Pero es realista”, reconoció el ministro de Economía.

Un ajuste “light” implicaría, por definición, que la reestructuración debería ser más agresiva, con quitas más profundas para los bonistas. Esto se explica porque al alcanzar más tarde el superávit fiscal, los recursos con los que Estado podría afrontar el pago de la deuda serían menores, y por eso necesitaría que la propuesta de canje sea más beneficiosa para el deudor y más agresiva hacia el acreedor.

Para los analistas, el tono y el contenido del mensaje de Guzmán en el Congreso adelanta una postura del Gobierno menos amigable de lo que se podría esperar ante los acreedores. En ese contexto, con una posición más agresiva, la hoja de ruta planteada en principio por el Palacio de Hacienda quedaría “corto” ante una negociación más conflictiva.

Según ese cronograma, en la tercera y cuarta semana de febrero comenzarían los primeros contactos formales y en persona de los funcionarios del Gobierno argentino con los acreedores. “Inicio de período de 10 días de reuniones e intercambio de visiones con tenedores de la deuda pública externa sobre la base de los lineamientos del Análisis de Sostenibilidad de la deuda pública presentados por Guzmán en el Congreso”, reza la agenda oficial, publicada en los últimos días.

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